martes, 6 de marzo de 2012

Bienvenidos a Puerto Argentino, Argentina




Muchos pensarán que el título constituye una simple expresión de deseos, otros lo interpretarán como una fantasía emanada de alguien que ha perdido la razón; pero en las próximas líneas quiero abordar la posibilidad creciente que el mismo se convierta en una realidad en un futuro quizás no tan lejano.

La ocupación por parte del Reino Unido de Gran Bretaña de las Islas Malvinas o Falklands se remonta al año 1833 y desde entonces ha mantenido su control de facto, con la excepción del breve período que comprende de Abril a Junio de 1982 en el cual la República Argentina recuperó el control mediante la acción militar.

El Reino Unido esgrime como fundamento principal a sus pretensiones de soberanía sobre las islas (como así también sobre el resto de las islas del Atlántico Sur) el principio de autodeterminación de los pueblos, puesto que la ínfima población de dichas tierras reconoce expresamente su intención de pertenecer bajo la órbita británica. 

La Argentina por su parte, niega que se trate de un territorio colonial afirmando que es "...una colonia establecida por Inglaterra en un territorio usurpado, que pertenece a la Argentina..." (Intervención del delegado argentino, doctor Bonifacio del Carril, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, N.Y. 9 de Noviembre de 1965) (1).   El sustento de la pretensión de soberanía Argentina es el principio de integridad territorial, apoyado por el hecho que los ciudadanos británicos se asentaron luego de la expulsión por la fuerza de la población y autoridades de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

En la actualidad el estatus jurídico internacional es incierto, pero en los más altos niveles la posición de Argentina de reanudar negociaciones para discutir la soberanía encuentra sólidos fundamentos.  Así, la Sesión plenaria de la Asamblea General de Naciones Unidas del 16 de Diciembre de 1965 reportó un claro triunfo de la diplomacia de la administración del Presidente Arturo H. Illia por cuanto aprobó la resolución 2065 (XX)  (2) -sin ningún voto en contra- mediante la cual se invitó a los gobiernos a proseguir las negociaciones bilaterales por la soberanía en Malvinas.  Desde entonces, el Reino Unido se ha negado sistemáticamente a entablar la discusión exigida por la comunidad internacional para zanjar definitivamente el asunto.

Hasta nuestros días nada ha cambiado salvo el triste suceso que arrebató cientos de vidas y sueños de jóvenes de ambas nacionalidades (y algún que otro mercenario contratado por los británicos): la Guerra de Malvinas de 1982.  Este conflicto marcó un intervalo en el cual el control Argentino del territorio fue recuperado.  El episodio culminó con la derrota de las fuerzas argentinas, que pesar de encontrarse en notable inferioridad técnica, tecnológica y militar, combatieron con enorme dignidad, coraje y valentía. 

Hoy, a casi 30 años del conflicto bélico, el tema ha vuelto a ocupar el centro del debate público.   Muchos optan por referirse al mismo haciendo gala de su patriotismo, recordando las hazañas heroicas de nuestras fuerzas armadas en el escenario del Sur, declamando la legitimidad de la posición Argentina y defendiendo los derechos soberanos del país. Otros, invadidos por un profundo pesimismo y escepticismo, señalan a Malvinas como una causa perdida, piensan que jamás el Reino Unido cederá su posición y  que, en última instancia, hará imponer la fuerza de su potencial bélico y diplomático para torcer la balanza en su favor. Dentro de éstos últimos no faltan quienes centran su mirada en el corto plazo y desconfían de la reedición del conflicto por olfatear un trasfondo de política interna.

Sin entrar en el debate cortoplacista,  a la luz de una observación estricta de la fuerzas relativas de nuestra nación periférica y la ex potencia colonial  parecería que los pesimistas tienen razón.    No obstante, existen evidencias en la historia reciente que indican que si intentamos esbozar una mirada a mediano o largo plazo, sumada a los actuales avances en materia diplomática, revertir la realidad quizás no resulte algo tan descabellado.

En efecto, la primera década del nuevo milenio marcó un profundo cambio de paradigmas: la imagen de un mundo unipolar liderado por la potencia que resultó ganadora luego de la Guerra Fría comenzó a resquebrajarse.    Poco a poco, fue asomando desde Oriente una nación milenaria pero hasta entonces periférica y desconectada del resto del mundo: China.   A medida que los flujos de capital comenzaron a aprovechar el enorme potencial de la mano de obra de su colosal población, el dragón asiático -a pesar de su sistema político comunista- se convirtió en un punto neurálgico del sistema capitalista global: se constituyó al mismo tiempo en el principal centro de manufacturas mundial y en el principal tenedor de deuda y moneda de los Estados Unidos -la potencia unipolar-. 

En consecuencia, el año 2010 encontró a China como la segunda economía del mundo (tercera si consideramos a la Unión Europea) y con fuertes perspectivas de continuar creciendo, de acuerdo a las estadísticas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
 
El gigante asiático, conforma el bloque denominado "BRIC" en el cual se ubican otras economías cuyas perspectivas de crecimiento las posicionan como futuras potencias a nivel global.   Las restantes integrantes del grupo son Brasil, Rusia e India. 

¿Qué tiene que ver esto con Malvinas?  Mucho, por cuanto el cambio del equilibrio global presenta una enorme oportunidad para la Argentina.  Quizás lo único que haga falta para que nuestro país logre el tan ansiado reconocimiento de su soberanía sobre las Islas del Atlántico Sur sea  tener paciencia y perseverancia.    Tanto China como Brasil han apoyado  mediante actos concretos la postura Argentina sobre Malvinas y es razonable esperar que continúen con dicha posición.

China ha apoyado el reclamo de soberanía Argentina individualmente y así también en foros internacionales, logrando el apoyo del grupo de los 77 (G-77) durante su presidencia rotativa.  Brasil se ha alineado con la Argentina llegando incluso a rechazar la entrada a sus puertos de un buque militar británico el  pasado año.

Además del apoyo de Brasil, Argentina cosechó el apoyo de todas las naciones de América del Sur, incluyendo a nuestros vecinos de Chile que abandonaron  la postura que habían asumido durante la Guerra de Malvinas en cual prestaron ayuda al Reino Unido.

En tal contexto, el escenario que se presenta a futuro, denominado por los analistas internacionales como de "multipolaridad" o "no polaridad"  se muestra muy favorable a las pretensiones de la República Argentina.

Goldman Sachs prevé en su informe "BRICS and beyond" (3) que para 2050 la principal economía será la China, quedando los Estados Unidos en un cómodo segundo lugar, seguido en tercer puesto por la India, y en el cuarto lugar ubican a nada más ni nada menos que a nuestros vecinos: la República Federativa de Brasil.

De cumplirse tales proyecciones, Argentina podrá ostentar el apoyo de dos de las principales cuatro potencias globales, entre las cuales estará su socio comercial preferencial, con quien quizás para ese entonces compartirá un mercado común pleno o aún más, una unión monetaria.

Aún cuando no sea necesaria una interconexión tan fuerte con nuestro vecino del norte, estaremos en mejores condiciones lograr una negociación con el Reino Unido, que permita el reconocimiento definitivo de la soberanía argentina,  una administración compartida,  un traspaso gradual de la soberanía, o cualquier  otro tipo solución creativa que pueda surgir con el consenso de ambas partes.

Si colectivamente abrazamos una visión de largo plazo, con perseverancia y constancia en el reclamo diplomático y pacífico,  si la clase política en su conjunto mantiene su postura incólume, paciente, ejerciendo una espera estratégica para aprovechar  el momento del nuevo equilibrio de fuerzas en el mundo del mañana,  quizás no falte tanto para que "Stanley" vuelva a ser "Puerto Argentino" y flamee sobre ella la bandera celeste y blanca.

Patricio E. Gazze


Referencias:
(1) Lanús, Juan Archibaldo "De Chapultepec al Beagle: Política Exterior Argentina: 1945 -1980"  Emecé editores. Buenos Aires 1984 (Pág.463).

 

jueves, 12 de enero de 2012

La llave para la superación de conflictos sociales: la cooperación entre trabajadores y empresarios.


Tal vez el daño más grave que causó el marxismo en la humanidad ha sido implantar la idea de entender a la historia como lucha de clases.  Esta cosmovisión que coloca a la "lucha" de seres humanos entre sí, englobados en categorías de análisis definidas por el observador, en el protagónico rol de "motor de la historia" resulta aún más perjudicial cuando permea en las mentes ajenas a las reducidas élites intelectuales que estudian el materialismo histórico y sus derivados de manera profunda, sistemática y completa.

En aquellos ámbitos en los cuales la realidad golpea más directamente y exige acciones concretas, toma de decisiones, planificación de estrategias y emprendimientos que afectan concretamente la vida de los individuos que conformamos el país, la región y el mundo, la transposición de la idea de "lucha de clases" lleva a operadores del sistema y responsables de la toma decisiones a una lógica nefasta: la lógica antagónica de "ganar/perder".

Esta dinámica de las relaciones humanas determina que cada intercambio social generará indefectiblemente un "ganador" (por ejemplo, el trabajador) y un "perdedor" (Ej. el empresario). Además de resultar naturalmente agresiva, esta estructura de pensamiento tiene la potencialidad de retroalimentarse cíclica y negativamente, por lo que quienes hoy sean los vencidos, concentrarán fuerzas, serán más inflexibles y extremistas en su posición particular, y en un futuro seguramente torcerán la situación, erigiéndose esta vez en vencedores, implacables con quienes antes habían logrado imponerse de modo también intransigente.

La catástrofe a la que lleva ésta lógica en el largo plazo resulta evidente: los trabajadores organizados en los Sindicatos buscarán acorralar a los empresarios solicitando cada vez más beneficios aún a costa de exprimir las ganancias que eran el incentivo que llevó a la patronal a invertir y arriesgarse,  y en el extremo usarán lisa y llanamente la extorsión para imponer su agenda; a su vez, los empresarios buscarán maximizar sus ganancias reduciendo "costos" laborales aún a costa de colocar a sus trabajadores en una situación de precariedad que los alejará del estado mental necesario para poder desarrollar su potencial productivo, creativo e innovador, y en situaciones extremas no dudarán en desconocer abiertamente los derechos laborales reconocidos por la legislación vigente.

Así vemos claramente que la idea de lucha, de guerra entre clases sociales entendidas como compartimentos estancos conduce a perpetuar las mismas estructuras de conflicto hasta el infinito y no ofrece una solución ni mucho menos un "modus operandi" satisfactorio para encarar los conflictos de intereses que pueden surgir entre individuos que momentáneamente cumplen roles distintos en la sociedad.

La idea de clases sociales resulta vaga y arbitraria.  Nada impide que el asalariado, mediante el ahorro de parte de su salario o la toma de un préstamo, en sus momentos libres comience un emprendimiento empresario propio, además de cumplir su rol como empleado.  En tal caso, que de hecho es muy común, el mismo individuo estaría incluido tanto en clase trabajadora como también en la clase empresaria.

De todos modos, más allá de aquellos casos en los cuales la divisoria de clases afecte la unidad del individuo, cabe preguntarnos de qué manera encontrar una solución cuando se enfrentan las visiones, intereses y preferencias entre ambos grupos que se categorizan como "clases sociales".

La mejor forma será entonces desterrar el paradigma de lucha y la lógica del "ganar/perder", para reemplazarlo por la lógica del Ganar/Ganar.   Esta idea de larga data ha sido desarrollada recientemente como el "cuarto hábito" en la obra "Los siete hábitos de la personas altamente efectivas" de Stephen Covey,  e implica una disposición mental y emocional para buscar y encontrar la posición mutuamente beneficiosa en todas las relaciones humanas.

La búsqueda de una alternativa que sea mutuamente beneficiosa, que implique una ganancia para ambas partes en "conflicto" generará una predisposición positiva y creativa, y asimismo generará una retroalimentación de crecimiento, reforzando los lazos de confianza mutua entre las "partes".

Parece difícil, pero los beneficios a conseguir valen la pena el intento. Sólo basta con pensar en los enormes problemas que serían eliminados o evitados si todos nos comprometiéramos verdaderamente con esta forma de vida. Los empresarios que busquen el bienestar de sus trabajadores mediante una acción deliberada y consciente, procurando otorgarles un salario que no sea meramente de supervivencia sino que permita un pleno desarrollo personal de sus asalariados y evitando persecuciones, cambios inútiles, y caprichos surgidos más de su propio ego que de una real necesidad operativa, generarán una confianza que redundará en mayor productividad y mayor compromiso con el "proyecto común" de la empresa, por cuyo éxito bregarán todos. 

Los trabajadores que actúen con racionalidad a la hora de negociar, que puedan comunicar sus inquietudes y necesidades teniendo en cuenta el bien común de la empresa, sabiendo que la participación en las ganancias en épocas de bonanza también exigirá ahorros extras en épocas de crisis, tendrán la plena confianza que superada la crisis, la situación se reestablecerá, las ganancias volverán a fluir, y que al final del camino, la victoria será compartida sellando un vínculo amistoso y virtuoso,  con mayores perspectivas de crecimiento y desarrollo personal.   Para ello, sin renunciar a la defensa firme y sólida de sus legítimos derechos, deberán erradicar para siempre la extorsión como forma de negociación, y también aquellas formas que provoquen deliberadamente daños para la empresa ni mucho menos daños o perjuicios a terceros.

En sintesis, los conceptos claves serán:  cooperación, mentalidad "Ganar/Ganar", confianza, flexibilidad y sinergía.  La idea de lucha de clases, la lógica de guerra trasplantada a las relaciones sociales, la desconfianza y el recelo entre trabajadores y empresarios, entre lo público y privado, y entre muchos otros pares que se nos presentan como antagónicos, ha llevado a potenciar o negativo y destructivo en las relaciones humanas.   Es nuestro deber y responsabilidad transmutar hacia lo benéfico, tomemos el compromiso de la creatividad, la confianza y la mentalidad de ganancia cooperativa.   Adoptemos como regla básica de interacción social la ley del beneficio mutuo, la ley del todos ganan.

Patricio E. Gazze