martes, 18 de febrero de 2014

Sudamérica necesita más gobiernos responsables y menos teorías conspirativas.



Febrero de 2014.  Ante la persistencia de las protestas de estudiantes en la República Bolivariana de Venezuela, los miembros de la UNASUR contribuyeron a alimentar las teorías conspirativas que tanto gustan al Presidente Maduro al emitir un comunicado en el que subyace una preocupación por la "defensa del orden democrático".

 Aprovechando la ambigüedad, el Canciller venezolano exageró la declaración del organismo internacional, atribuyéndole el condimento propio del discurso oficial de su país: la convicción que las demostraciones son parte de un plan de "desestabilización".   Detrás de tan macabro estratagema, de acuerdo a los funcionarios bolivarianos, estaría -una vez más-, la mano de los Estados Unidos de Norteamérica.  En concordancia con tales sospechas, el gobierno ordenó la expulsión de funcionarios consulares de la Embajada norteamericana en Caracas.  Lo cual no sorprende, puesto que la revolución chavista ha utilizado estos berrinches contra diplomáticos "yanquis" en numerosas oportunidades, como parte del "show" mediático que monta para inculpar de la mayoría de sus males a Washington.

No sólo los bolivarianos son afectos a estas hipótesis de complots y tramas secretas en pos de una desestabilización, sino que éstas constituyen además una especie de literatura común entre ciertos sectores sudamericanos (aún cuando son paupérrimos sus fundamentos) y que -casualmente- afloran en momentos en los cuales el propio liderazgo local se encuentra en crisis.  Utilizando esta fábula se pretende esconder la incompetencia para manejar determinadas situaciones o para eludir la propia responsabilidad de los males económicos y/o sociales que son las verdaderas causas del conflicto, las protestas y los disturbios. 

En efecto, cabe preguntarse de qué plan de desestabilización extranjero estamos hablando cuando el propio gobierno bolivariano ha permitido –por acción u omisión- una inflación del 50% anual -la más alta de todo mundo- durante el año pasado.  De qué oscura trama estamos hablando cuando la situación de la inseguridad es alarmante y cuando además se toman medidas que restringen la libertad de expresión de los ciudadanos, incluso llegando al extremo de la torpeza y el autoritarismo al quitar del aire de manera súbita e injustificada a una señal de cable que –casualmente- mostraba al mundo los sucesos de violencia. 

¿Resulta acaso serio endilgar las presentes penurias de Venezuela a los norteamericanos, quienes son los principales compradores de su petróleo, y por ende, actores de fundamental importancia para el desarrollo y crecimiento del país? La gente, el pueblo, los estudiantes, etc., salen a las calles para manifestar su descontento por lo que consideran políticas erradas, políticas que afectan su quehacer cotidiano; los precios de los alimentos, la inseguridad, el desabastecimiento, la sensación de pérdida de libertades, etc.  En tales condiciones, es absurdo acusarlos de ser partícipes de una confabulación planetaria en contra de su gobierno. Por otra parte, en cualquier estado democrático la disidencia constituye un elemento esencial, considerarla un factor de preocupación sólo denota un espirítu autoritario. Considerar la pluralidad de opiniones políticas como una “amenaza” a la democracia nos coloca en el terreno del absurdo y la ignorancia.  Muy por el contrario, la disidencia y la libre expresión son pilares del sistema democrático y constituyen derechos humanos fundamentales.  No obstante, a contramano del sentido común, de los tratados internacionales de derechos humanos y de su propia retórica "democrática", los bolivarianos y muchos de sus aplaudidores foráneos, hacen oídos sordos a las voces disidentes, y no dudan en cercenar la libertad.

Quizás esto no sea un hecho azaroso, por cuanto vemos que muchos de éstos líderes sudamericanos que se apresuran a llenarse la boca con la palabra democracia, son o han sido benévolos al referirse a la dictadura “comunista” de los hermanos Castro en Cuba. Incomodados por un puñado de estudiantes que quieren hacer oír su voz (y por lo cual son brutalmente reprimidos),  también guardan silencio sobre la situación de los disidentes cubanos y de las damas de blanco. La incoherencia y contradicción que algunos hermanos sudamericanos demuestran con el caso Cuba excede la presente reflexión, pero resulta ilustrativa para contrastarla con esta situación en Venezuela, dejando en evidencia de qué modo las anteojeras ideológicas llevan a conclusiones contradictorias.  Sería muy fructífero que estos lideres sudamericanos examinen la coherencia en su discurso o que, en todo caso, dejen de engañarse al definirse como “demócratas” y proclamen sin rodeos que adhieren al comunismo totalitario de partido único (y voz única) que practica Cuba. 

Claramente no existe una gran afinidad entre el gobierno de Estados Unidos de Norteamérica y el actual gobierno de Nicolás Maduro, pero ello no significa que todos y cada uno de los problemas que hoy sufre la patria de Simón Bolívar sean provocados o digitados por los agentes norteamericanos.   Esto resulta más grave por cuanto bloquea la capacidad de discernir, enceguece a gran parte del pueblo sudamericano que le encanta consumir anti-norteamericanismo, y con ello denota un profundo resentimiento. A veces los sudamericanos nos comportamos como aquella señora envidiosa que pierde su tiempo y su vida criticando y denostando sus vecinos –mucho más exitosos que ella-, malgastando sus propios recursos y obstaculizando su propia prosperidad.  

Como ejemplo por oposición tomemos el caso de la República Oriental del Uruguay.  El año pasado, nuestro vecino se convirtió en el primer país del mundo en legalizar y reglamentar completamente la producción y el consumo de marihuana.  Esta decisión política trascendental colisiona abiertamente con los intereses y la política internacional de Washington en la materia. ¿Han sido nuestros vecinos víctimas de intentos de invasión, desestabilización, o alteración del orden democrático, perpetrados por los Norteamericanos? De ninguna manera. Es más, gozan de una situación económica mucho más sólida y estable que Venezuela. Queda claro entonces que los vaivenes de las economías de cada país encuentran como principales responsables a sus propios gobernantes; las políticas más prudentes en materia económica de los uruguayos son las que, en definitiva, han otorgado un mayor bienestar a su pueblo. Quizás el Presidente Maduro debería hacer un esfuerzo por dejar de ver fantasmas y conspiraciones y concentrarse en los problemas reales de la economía venezolana. Seguramente sea difícil para un hombre que afirma comunicarse con los difuntos a través de un “pajarito” y más aún cuando muchos pensadores en Sudamérica contribuyen a consolidar la paranoia de persecución, festejando las arengas “anti-imperialistas’ del gobernante bolivariano.

Lejos de teorías conspirativas, la realidad nos demuestra que los sudamericanos compartimos una fluida y fructífera cooperación con nuestros hermanos norteamericanos.  Como un ejemplo notable –entre muchísimos otros-, cabe señalar que la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) de Argentina y la NASA (National Aeronautics and Space Administration) de los Estados Unidos han trabajado en conjunto por más de una década, con resultados beneficiosos para ambas partes (y lo siguen haciendo).  

La Guerra Fría terminó ya hace más de dos décadas, es hora de cerrar el capítulo de las confabulaciones,  asumir las responsabilidades de nuestro propio destino y dejar de echar culpas a los demás, ya sea a los Estados Unidos, al “imperialismo”, “capitalismo” y demás entelequias a las que recurren algunos pensadores y dirigentes para diluir fallas y errores propios.  Nuestro continente tiene un potencial enorme, pero sólo podrá desplegarlo en plenitud cuando nuestros dirigentes políticos e intelectuales se propongan actuar responsablemente, siendo artífices del propio destino, con capacidad de autocrítica y voluntad de superación.   Sudamérica necesita más gobiernos responsables y menos teorías conspirativas.


Patricio E. Gazze
Generación Proyectar
Ateneo Domingo Faustino Sarmiento