domingo, 16 de noviembre de 2008

Responsabilidad en las pequeñas decisiones económicas


Situación A - Buenos Aires, Rosario y otras ciudades Argentinas: Diciembre de 2001: Una multitud histérica golpeando cacerolas y agresivamente destruyendo propiedad de otros –fachadas, vidrios, cajeros automáticos- reclama por los derechos de propiedad propios, reclamando se liberen las restricciones a la extracción de los depósitos bancarios.

Situación B - Mismas ciudades, Octubre de 2008: Preocupados por la desaceleración de la economía global y la crisis originada por las consecuencias derivadas de la caída de la “burbuja inmobiliaria” en los Estados Unidos de Norteamérica, cientos de personas y empresas corren a las entidades bancarias demandando vorazmente dólares, la moneda de curso legal de Los Estados Unidos de Norteamérica.


Separadas en el tiempo, ambas escenas ilustran claramente la esquizofrenia y contradicciones en las que incurrimos periódicamente los argentinos. Obviamente que nos encanta siempre despotricar contra los gobernantes de turno, sean del color político o ideológico que fuere, siempre es en ellos en quien vemos las causas de nuestros fracasos.

La mirada introspectiva siempre ausente, como así también nuestro sentido de responsabilidad, preferimos no percatarnos de cómo pequeños actos influyen en la realidad y nos gusta adherirnos al discurso del predicador del Apocalipsis de turno como si fuésemos un grupo de correctos y circunspectos ciudadanos escandinavos con la más alta virtud ciudadana y un sentido de comunidad insuperable que por alguna razón de la Providencia Divina debe expiar pecados del pasado sufriendo el azote una clase gobernante venida del peor de los subdesarrollos, con la firme determinación de arruinaros y de fracasar.



1. Diciembre de 2001: Más allá de las ironías, analicemos las cuestiones con mayor detenimiento, comenzando por Diciembre de 2001: Domingo F. Cavallo (otrora héroe de la estabilidad de los 90 y con amplio apoyo popular) firma su sentencia de muerte política estableciendo el régimen comúnmente llamado “corralito” mediante el cual –entre otras medidas- se limitó las extracciones bancarias.

Sólo ello bastó para que las hordas de ahorristas, asambleístas y otros tipos de emergentes sociales atacaran con gran violencia los bancos, saliendo a las calles movilizándose del mismo modo que antes habían criticado, y exclamando a viva voz un elocuente y frenético “que se vayan todos” causando una serie de desmanes y exabruptos que culminaron con la renuncia de un Presidente Constitucional, y lo que es mucho peor, con el triste resultado de aproximadamente de 20 muertos.

De lo que no se percataron los enérgicos ahorristas fue que ellos mismos (si, ellos mismos) habían tenido gran parte de la cuota de responsabilidad en la generación su propia pesadilla. Hacía meses que constante y progresivamente habían ido retirando los depósitos bancarios, tendencia que se había agudizado hacia Noviembre y comienzos de Diciembre de dicho Año.

Hay un concepto básico que se debe tener en cuenta para explicar el fenómeno subyacente a la medida del Dr. Cavallo: la creación de dinero bancario o el multiplicador bancario de dinero.

Básicamente se explica de la siguiente manera: los bancos al recibir depósitos no se quedan simplemente con el dinero físico en sus bóvedas esperando que el depositante desee en algún momento efectuar extracción, ya que esto no sería rentable. En cambio, dicho dinero es inyectado nuevamente al sistema por el banco quien lo utiliza para otorgar préstamos a individuales o empresas. No presta todo el dinero ya que en todo sistema se establece un mínimo que el banco debe tener en reserva, llamado el encaje obligatorio (reserve requirement).


Su fórmula es la siguiente

m = 1/R

(el multiplicador monetario “m” es inversamente proporcional al encaje bancario obligatorio “R” reserve requirement)
Pero todo aquello que excede al encaje, es introducido al sistema mediante los préstamos y esto permite que la intermediación en el mercado monetario que hacen los bancos ayude a la expansión de la economía, pudiendo financiar obras o proyectos de inversión. Así también puede dar líneas de crédito a otros bancos que a su vez también pueden volver a dar en préstamo dicho dinero –respetando el encaje legal- y éste a otro, y así sucesivamente.

De modo que un inicial depósito de 100.000 pesos suponiendo un encaje del 10% permite al banco prestar 90.000 pesos y estos 90.000 de ser depositados permitirán que se vuelvan a presar otros 81.000 pesos y así sucesivamente. Es lo que se conoce como creación bancaria del dinero.

Lo cual lleva necesariamente infiere -suponiendo que el sistema fuera integrado únicamente por los actores mencionados- que si el depositante primario quisiera recuperar sus 100.000 pesos antes del plazo acordado con la entidad bancaria, se encontraría con que esto no sería posible: el banco no tendría físicamente todo el dinero para devolver.

El anterior fue un burdo y simplificado ejemplo, para acercarnos a la realidad debemos pensar en un sistema muchísimo más complejo y donde no sólo deben tenerse en cuenta los depósitos a plazo, sino también una amplia gama de instrumentos financieros como bonos, futuros, opciones, etc. De todos modos, en esencia el mecanismo es el mismo.

Sólo con recurrir a la lógica y la matemática podemos darnos una idea de lo que ocurriría en el caso que todos los depositantes y ahorristas del sistema bancario decidieran en un momento dado retirar todo el efectivo que alguna vez depositaron: provocarían el colapso total.

Miles de ahorristas inundados por el pánico de la época, en un clima de “sálvese quien pueda” (que luego continuó a través de una serie de medidas judiciales algunas justificadas y otras no tanto) al intentar retirar la totalidad de sus ahorros a fines de 2001 fueron en parte responsables de la debacle. Y paradójicamente deberían estar agradecidos a Domingo Cavallo.

Si el Dr. Cavallo no hubiera intervenido en las regulaciones bancarias, estableciendo una férrea restricción a las salidas del sistema (corralito y corralón) posiblemente los ahorristas se hubieran encontrado con la más dura y fría realidad de tener que lidiar con la una cadena de Quiebras de la mayor parte de las entidades bancarias, derivada de la lógica imposibilidad de hacer frente al retiro de todos los depósitos. Sólo algunos pocos, los primeros en llegar a retirar su dinero o aquellos con mejor privilegio legal dentro del proceso de liquidación, hubieran podido satisfacer sus expectativas. El resto hubiera tenido que resignarse a tratar de cobrar un ínfimo porcentaje derivado del resultante de la Quiebra o simplemente perderlo todo.

Sin embargo los argentinos nos encontramos con la dificultad de analizar las cuestiones desde una perspectiva que exceda el simple interés individual o desde una perspectiva más sistemática. Es mucho más fácil depositar las culpas en Cavallo, los políticos, los Estados Unidos, o quienquiera detente el título de “demonio” de turno.

Creo que lo más emblemático de los tristes episodios de 2001, y que reflejaron el nivel de esquizofrenia fue el vandalismo y desprecio por todo tipo de respeto por la propiedad del otro que protagonizaron los ahorristas en sus diversos tipos de reclamo. Qué hubiera sido de nosotros si todos los desocupados del país (Cuyo número ascendía 18% al 20% en aquella época) hubieran reclamado con la misma virulencia que los ahorristas!

2. 2008: Algunas semanas atrás, hacia fines de Octubre de 2008, me encontraba esperando en la sucursal local de un importante banco, para hacer los pagos corrientes (tarjeta de crédito, servicios, etc) y me encontré con una gran cantidad de personas que era poco común (hasta en la escalera había gente haciendo cola, con un notable mal humor) Al preguntar a la cajera sobre la inusual afluencia de clientes, ésta me informó que la mayoría había estado comprando dólares americanos.

El pánico generado por una crisis originada en los Estados Unidos de Norteamérica, ha provocado el efecto que nacionales argentinos desechen sus existencias en moneda nacional, demandando fuertemente dólares americanos –justamente la moneda de la misma nación donde se generó la crisis-.

En otras palabras, en momentos de crisis, los nacionales argentinos, nos encontramos depositando nuestra confianza casi frenéticamente en la economía americana, desprotegiendo así lenta pero progresivamente la nuestra. Aún aquellos que se la pasan criticando y vituperando a los hermanos norteamericanos, no dudan en “refugiarse” en dólares (como si fueran a salvarse o a hacer una gran diferencia por tener algunos dólares ante una crisis generalizada).

Con esto no quiero hacer una declaración burda de nacionalismo, pues si hay una nación por la cual siento aprecio, afecto y admiración son los Estados Unidos de América. No obstante, creo que debemos sincerarnos, y en todo caso tomar conciencia de nuestras acciones con responsabilidad.

Quiero hacer énfasis en que, tenemos que preocuparnos de nuestras decisiones de hoy, para no tener que quejarnos el día de mañana.

La compra sistemática de dólares, aún por parte de individuales y en montos relativamente pequeños, sí repercute en nuestra economía, tanto en el sistema monetario como en el de la economía real.

Un concepto clave que nos da la teoría económica para explicar esto es el del “valor fiduciario del dinero”. El término Fiduciario deriva del latín fides que significa “fe” y refiere a que los billetes y monedas en circulación no basan su valor en la existencia de una contrapartida en oro, plata o metales nobles o valores, así tampoco en su valor intrínseco, sino simplemente en su declaración como dinero por el Estado y también en el crédito y la confianza (la fe en su futura aceptación) que inspira. Sin la declaración del Estado o con una generalizada pérdida de confianza, el dinero fiduciario sólo vale lo que el papel en el cual está impreso.

En consecuencia, la demanda de moneda extranjera en éste caso dólares en desmedro de la moneda local implica necesariamente en una pérdida de confianza en nuestra propia economía. Al comprar dólares el mensaje que damos al mercado es “confío en Estados Unidos” y “no confío en la Argentina” . A su vez, dicha demanda de dólares ayudará al Estado Americano a finaciarse.
Seguramente muchos declarados enemigos de los Estados Unidos han en cierto modo financiado la Guerra en Irak con su compra de ésta divisa extranjera, lo cual es otra expresión de la muchas contradicciones que tenemos los argentinos.

En segundo lugar, la mayor demanda de dólares –y esto es una regla básica en economía- provocará un aumento de su precio, con lo cual el preció del dólar subirá necesariamente. En caso que el Estado Argentino a través de su autoridad monetaria insista en sostener su precio, perderá reservas a tales fines. Y ello es de esperar, pues una de las funciones del Banco Central es la de preservar el valor de la moneda.
Tanto la suba del tipo de cambio por una masiva y artificial demanda de dólares, como también la pérdida de reservas, repercutirán negativamente en la economía.

La pérdida de reservas hará menos sólida a la economía local frente a debacles o tumultos externos. No nos quejemos entonces si luego tenemos que soportar una nueva devaluación, otra corrida bancaria, corralito, etc. No será culpa de las corporaciones americanas, de la Presidente, ni tampoco de Redrado, será nuestra culpa.

Otro aspecto y quizás es el más importante a analizar: la esterilización del dinero. Generalmente los privados y empresas al comprar dólares en éstos casos tienen dos finalidades en miras: 1) para llevarlos al exterior y 2) como refugio: para guardarlos, en el colchón, la latita o la caja de seguridad. En ambos casos, repercuten de modo negativo para la economía del país.

En 1) más claramente, porque directamente la riqueza creada en el país se va. Es el caso de las empresas extranjeras o algunos nacionales que tienen sus ahorros en el exterior. El dinero que sale del sistema bancario local, dejará de financiar inversión en Argentina, para hacerlo en otro lado, o Dios sabe qué irá a financiar si es que va a parar a algún país de nula o baja tributación (paraísos fiscales)

En 2) porque el dinero cuando lo ponemos en el “colchón” o en la caja de seguridad, también sale del sistema, se esteriliza, deja de financiar la inversión o el consumo y por ello se vuelve un activo improductivo.

Dormirán entonces debajo del colchón, en lugar de ser base al financiamiento de obras o actividades productivas, las cuales darían trabajo a la masa de asalariados y éstos a su vez gastarían en consumo, lo cual generaría a mediano plazo mas inversión y más actividad.

No nos quejemos mañana pues, de la parálisis de la economía que nosotros mismos ayudamos a provocar.

Me podrán decir que los mayores compradores de divisas son las trasnacionales o compañías extranjeras, es verdad. Pero quién podrá quejarse contra éstas si los propios ciudadanos argentinos hacemos lo mismo. Creo que es al menos hipócrita quejarnos y demonizar a las empresas trasnacionales cuando ellas no han harán sino exactamente lo que el propio nativo, el propio nacional ha hecho.

¿Si no confiamos en nosotros mismos, con que autoridad podemos esperar o mucho menos demandar que otros lo hagan?

Espero que todos los Argentinos tomemos conciencia de la importancia de la CONFIANZA y la FE, no sólo aspectos más espirituales sino también en la economía, y que nos responsabilicemos también de proteger lo nuestro, nuestra moneda, nuestras instituciones, nuestro país.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Barack Obama Presidente: El triunfo de la Esperanza y la Democracia

Barack Hussein Obama II - 44º Presidente (electo) de los Estados Unidos de Norteamérica

A mis queridos amigos,


Con el 98% de los votos escrutados, el Senador Obama se consagraba como ganador con un amplio margen de 349 votos del Colegio Electoral a su favor, contra los 162 de su contendiente Republicano John McCain (52,4% contra el 46,3% del total de los votos) en una histórica elección.

Muchos intentarán demostrar otras virtudes del Senador por Illinois, pero el dato que hace trascendente éstos comicios es su condición racial: sí, será el primer Presidente Afro-americano de los Estados Unidos en toda su historia.

Y aquí la palabra clave es la "historia", pues sólo en tal contexto puede entenderse la real trascendencia de éste hecho. A poco de independizarse de la Corona Británica, la joven república federal no pudo destruir la primitiva e inhumana práctica de la esclavitud. En efecto, gran parte de la economía del Sur dependía de la mano de obra esclava de africanos que eran vendidos como meras mercancías.

El estigma de tan aberrante práctica persistió, resistiendo incluso una sangrienta guerra fraticida entre el Sur Agricola Esclavista Secesionista y el Norte Industrial Abolicionista (la Guerra Civil Norteamericana). Incluso después de la sanción de la 13ra. enmienda a la Constitución Federal (la cual abolió la esclavitud) la discriminación racial sistemática persisitió en los Estados principalmente del Sur. Avanzado el siglo XX la práctica segregacionista aún continuaba, determinando que los hombres y mujeres "de color" se vieran obligados a usar distinos asientos en el transporte público, a ser discriminados en escuelas públicas, diferenciados los baños públicos y todo otro tipo de distinciones humillantes. Contra tales injusticias se alzaron las voces de históricos personajes como Rosa Parks, Clarence Mitchell Jr. y Martin Luther King Jr..

De su resistencia a la injusta legislación que avalaba las prácticas discriminatorias se fue consolidando lo que se dió en llamar el "Civil Rights Movement" y finalmente se fueron plasmando en decisiones jurisdicionales como "Brown vs. Board of Education" un fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos considerado como un hito pues determinó la inconstitucionalidad de la segregación racial en las Escuelas Públicas, por violatoria de la "Equal Protection Clause" de la 14va. Enmienda. En dicho caso Brown y otros padres de niños negros iniciaron una acción de clase contra el Board of Education (Junta de Educación) de Topeka Kansas, por su política de segregación.

Dicho precedente sentó una nueva regla para todos los Estados que aún continuaban con dichas prácticas. No todos lo aceptaron y generó fuerte resistencia de ciertos sectores población blanca. Incluso en 1957, el gobernador de Arkansas -desobedeciendo las normas federales- ordenó a la Guardia Nacional de su Estado para bloquear la entrada de niños negros a la "Little Rock High School". El Presidente Dwight Eisenhower tuvo que responder enérgicamente enviando efectivos de la 101 Airborne Division del Ejército (una unidad de infantería del Ejército!!) desde Fort Campell en Kentucky para poder aplicar la orden federal y escoltar a los niños negros para que puedan ingresar a la Escuela.

La evolución de dicho movimiento continuó cristalizandose en legislación positiva como la "Civil Rights Act de 1964" que determinó la prohibición de todo tipo de segregación racial y la "Voting Rights Act de 1965" que aseguró los derechos electorales mediante la prohibición de prácticas por las cuales se establecían prerrequisitos para que los votantes se registren (es práctica en los Estados Unidos que el votante debe previamente registrarse) como por ejemplo pruebas de alfabetismo, todas ellas con el fin de evitar que los afro-americanos votasen.

Incluso la resistencia social al fin del sistema de segregación se hizo notar, mediante la aparición de grupos de extremistas como el Ku Kux Klan y otros fanáticos que pregonaban la Supremacía Blanca, neonazis, y otros tipos de intolerantes del estilo. Además de ellos existían otros tipos de discriminación o segregación mucho más sutiles, como el "Mortgage Segregation" (Segregación Hipotecaria) que consistía en la práctica de que Bancos y Entidades Financieras sistemáticamente negaban o rechazaban los pedidos de préstamos hipotecarios en función de la condición racial de quienes solicitaban dichos servicios.

Todas éstas prácticas fueron retrocediendo ante el avance de nuevas "rulings" judiciales y sucesivas mejoras en la legislación, con algunos decisorios de hasta mediados de los años 70'.

Detengámonos en éste hecho: Hace menos de 50 años, aún existían en los Estados Unidos prácticas y normativas discriminatorias en base de la raza, siendo el principal grupo perjudicado el de los Afro-Americanos.

Este breve desarrollo nos pone en perspectiva: la consagración en la Primera Magistratura de la Federación Norteamericana de un ciudadano Afro-Americano representa no sólo una curiosidad o una extravagancia: es verdaderamente un salto cúantico en la evolución del avance de los Derechos Fundamentales en dicha Nación.

Hoy, gracias a la Democracia, en los Estados Unidos -que son la nación más poderosa del mundo- un hijo de quienes hacía doscientos años eran esclavos y hace sólo 50 pobladores de segunda, absolutamente discriminados y segregados (en un sector geográfico) será quien decidirá los destinos de toda la Nación y en cierto modo, del mundo.

Este hecho me llena de alegría, emoción y esperanza, no sólo porque da fin a 8 años de una Administración que se aventuró por los oscuros senderos del Unilateralismo, la Guerra y la negación de los Derechos Humanos (no olvidemos que el actual Presidente George W. Bush vetó la prohibición de la tortura, con lo cual convalidó dicha práctica-específicamente el waterboarding-) sino también porque de por sí demuestra la capacidad de los sistemas democráticos de aprender de los errores de liderazgos desvíados, de evolucionar constantemente hacia mayores niveles de Libertad y de Igualdad, y de permitir que todos -incluídas las minorías- se sientan incluídos en un proyecto de Nación.

Es por ello que más allá de las diferencias en lo ideológico o político, este 4 de Noviembre de 2008 será recordado por todos los amantes de la libertad y la igualdad como un día de júbilo, de alegría y de esperanza. Una vez más, la Democracia ha triunfado.

Esperemos, que Barack cumpla sus promesas electorales, y en pocos meses seamos testigos del Triunfo de la Paz en el Mundo, la gran asignatura pendiente.



Patricio Eduardo Gazze, 5 de Noviembre de 2008.-

lunes, 3 de noviembre de 2008

Fiesta de la Democracia en los Estados Unidos

Barack Obama (Demócrata) vs. John McCain (Republicano)
(principales candidatos para los comicios del 4.11.08)


Mañana, 4 de Noviembre, los ciudadanos de los Estados Unidos de Norteamérica definirán quién ocupará la Presidencia de su País por los cuatro próximos años. Ésta fecha es muy importante y trascendente, no sólo porque en ella se dará a conocer a la persona encargada de conducir la Nación más poderosa de la Tierra, sino también porque es parte una tradición y una forma de vida muchísimo más fuerte que el poderío económico y militar que hoy detenta dicho país: la democracia y el Estado de Derecho.

En efecto, cada cuatro años, todos los Martes despúes del primer Lunes de Noviembre se llevan a cabo las elecciones Presidenciales. Esa particular regla para determinar el día de la votación presidencial obedece a una normativa uniforme fijada 1845 y obedece a una razón práctica: dado que la mayoría de la población norteamericana se dedicaba a la actividad rural, el mes de noviembre era indicado pues para entonces se había terminado de cosechar y aún no comenzaba el severo invierno boreal. Y un martes, pues se pensaba en los largos viajes de los pobladores rurales, y el lunes no se consideraba razonable para no interferir con los servicios religiosos. Que fuera el primer martes después del primer lunes, era para evitar que la votación ocurriese en día de todos los Santos y también porque al ser usual para los comerciantes cierren sus libros contables el primero de cada mes, de éste modo se evitaba que un éxito o fracaso económico del mes anterior infuyese sobre la decisión.

Pero aún antes de dicha fecha uniforme, desde 1792 se había establecido por ley federal que las Elecciones deberían llevarse a cabo cada cuatro años y desde entonces así se ha venido haciendo en años pares (tanto las Presidenciales -cada 4- como las Legislativas de medio-término -cada dos-). La Elección Presidencial de 1792 fue la segunda, luego de la primera ocurrida en 1789 en la cual debutó la Rama Ejecutiva de Gobierno (bajo el anterior régimen de los "Articles of the Confederation" el órgano gobernante era el Congreso de la Confederación)

Desde entonces, sucesivamente se ha venido cumpliendo tal regla y cada traspaso del poder ha sido pacífico y democrático, sin ninguna interrupción. Es en la observancia estricta de ésta regla, que los Estados Unidos demuestran su grandeza de la mejor manera posible. Recordemos que mientras la recientemente independizada Nación estaba dando a luz a la primer democracia moderna, en el Viejo Continente la mayoría de los Estados se encontraban organizados como monarquías absolutas.

Es por ello que la celebración de comicios libres en Estados Unidos es un motivo de alegría para todo el planeta, ya que es testimonio de la posibilidad que un país de gran magnitud puede resolver las cuestiones suscitadas de la lucha por el poder de modo ordenado, racional y pacífico. Y como ha podido sobrevivir a dificultades enormes como una Guerra Civil, 2 Guerras Mundiales y grandes crisis económicas (el crack del 29´)

En nuestro país, si bien no podemos exhibir una continuidad tan prolongada del régimen demócratico -dado que nuestra Historia ha sido lamentablemente empañada por quiebres en el orden constitucional que establecieron regímenes de Facto que olvidaron la sabiduría de nuestra Constitución Nacional- debemos celebrar con júbilo que el pasado 30 de Octubre se han cumplido 25 años de democracia ininterrumpida.

Ello es sin lugar a dudas un hito del cual los ciudadanos debemos alegrarnos, recordandolo y comprometiéndonos por hacer posible que de ahora en adelante la continuidad democrática sea hacia el infinito, sin interrupciones y cada vez más sólida.

Quizás a muchos argentinos no les guste tomar como ejemplo a los Estados Unidos. Pero el modo, la tradición republicana que han conseguido consolidar, permitiendo que sus elecciones sean en paz y en orden, siendo respetuosos de las institucioens y de la investidura de la primera magistratura, son todos elementos que indican que si bien con las particularidades de nuestra propia identidad, mucho podemos aprender de ellos.