jueves, 7 de octubre de 2010

Maradona y la argentinidad

La interesante nota editorial del Diario el Pais titulada "Maradona como metáfora Argentina" ha generado una importante repercusión cibernética y mediática en estos días. Entre los comentaristas de la referida pieza, encontramos adherentes plenos y casi ciegos a su contenido y detractores virulentos que en lugar de aprovechar la oportunidad para el análisis, reaccionan con un fuerte contraataque arguyendo un interés ideológico.

Por su crudeza, agudez y quizás una cuota de acidez, genera en el lector argentino sentimientos encontrados; desde la indignación y rechazo, hasta el sentimiento de fatalidad y resignación que nos provoca la idea de ser "incorregibles", e incluso un poco de vergüenza por el modo en el cúal somos vistos en el viejo continente -aspecto de gran peso para una cultura decididamente eurófila-.

En una postura intermedia, considero rescatable la enorme capacidad de dichas líneas para generar la chispa de la reflexión y de la autocrítica. Desde ya adelanto que en mi humilde opinión encuentro un poco excesivo el paralelismo: los argentinos no somos sólo "El Diego", sino que además integran nuestro ser colectivo los Cesar Milstein, Borges, Alicia Moreau de Justo, Bernardo Houssay, Perez Esquivel, por decir sólo un pequeño número de emblemáticos, puesto que si hay algo que nuestra tierra ha generado es mentes brillantes, que han contribuido en las artes y las ciencias.

Aún así, resulta algo precipitado encarnar en una sóla persona todo lo negativo, lo malo, contradictorio del "ser Argentino". Esa manera de identificar los defectos de la "argentinidad" con lo "maradoniano" resulta injusto; asocia lo malo en una personalidad cuya formación no permitiría un más profunda evolución dados sus condicionamientos socio-económicos-culturales. Diego Maradona nació en un ambiente sumamente adverso, no tuvo oportunidad de una educación de calidad, y por ende, no es justo hacer recaer sobre su persona -víctima de la complejidad de sus dramas íntimos y personales- la totalidad de los errores, defectos o patrones de conducta que se repiten en las más elevadas y cultas élites argentinas. Entre esos defectos comunes, podemos señalar la cultura de la "coima", de la "soberbia", del "sálvese quien pueda", de la falta de escrúpulos y ética en los negocios y la política, la cultura del personalismo, la desmesura, la deificación, de la intolerancia con las ideas del otro, e incluso la visión futbolística de la realidad. Por visión futbolística interpreto la forma maniquea de entender las cosas, de la cual a diario nos ilustra de modo claro nuestra clase política (visión de la cual como ciudadanos participamos y consumimos). Desde "Braden o Perón" hasta "Kirchner o Magnetto" hemos venido profundizando esa manera tan equivocada de análisis de los fenómenos socio-políticos.

Por ello es destacable la sumamente valiosa idea que subyace en dicho texto: que el culto de las personalidades lleva al fracaso o para decirlo de otro modo está proponiendo la desmitificación de las personalidades. En dicha idea -en mi opinión- se encuentra la clave para dar un paso adelante y comenzar a cambiar nuestro paradigma mental, nuestra cultura. Ese cambio reviste gran importancia: los gobernantes son el fiel reflejo de la sociedad de la cual emergen, así cambiando nuestra cultura se logrará el cambio en la clase dirigencial. Obviamente que un liderazgo responsable acelerará el proceso. Si alguien está en desacuerdo, que haga el intento de coimear a un carabinero Chileno. Luego repita la experiencia en tierras argentinas. Hay que cambiar la cultura. Cuando los argentinos comencemos a pensar colectivamente primero en las instituciones, y no en las personalidades, ahí estaremos retomando el sendero hacia un mayor y más profundo progreso y desarrollo.

Es imperativo internalizar la idea de trabajar en equipo, de ser responsables en la función que nos compete, en coordinar los talentos que ha producido nuestra tierra, y de tener una cosmo visión optimista y pro activa.

Abandonando la negatividad y la idea de constante lucha solitaria, personal, sabremos aprovechar el sistema educativo que a pesar defectos ha sido pionero en Sudamérica, el capital humano y los recursos naturales nada desdeñables que yacen en nuestro país. Ha llegado la hora de aprender a trabajar en cooperación y coordinación Y tambien comprometernos, responsablemente, no "desde la tribuna" sino activamente, ya sea desde nuestro puesto de trabajo, o mejor aún participando en ONG´s, en política, en nuestro club de barrio, en las reuniones de consorcio, en lo que fuera. La premisa debe ser jugar en equipo y respetar las reglas siempre. Aquí se da el extraño fenómeno que esperamos que los demás se ajusten a las reglas, pero cuando se trata de uno mismo, toda excepción está permitida. Esto debe terminar, debemos atestar un golpe mortal a ésta idea.

El respeto al derecho del otro es la piedra fundamental del respeto al propio, y hasta que ello no cale en lo profundo de nuestro esquema mental y de nuestras conductas, seguiremos siendo eso tan complejo que los periodistas del diario El Pais califican como "maradoniano".

Patricio E. Gazze