martes, 8 de marzo de 2011

El paraíso perdido del liberalismo.

Thomas Hill Green (1836-1882) Filósofo y político inglés liberal.


El liberalismo, al menos en nuestro país, ha perdido su 'paraíso': queriendo significar con esto que ha desaparecido su utopía, su encanto, su riqueza intrínseca de valores que motivan a adherir a esta importantísima línea de pensamiento. Atestigua ello, el hecho que gran cantidad de nuestra población encuentra al término con una connotación negativa, identificándolo con una tendencia política anti-'nacional', anti-'social' y anti-'humana'. Podríamos coincidir que en cierta forma es anti-social, entendiendo que parte de una concepción filosófica que pone el énfasis en el individuo particular antes que en la sociedad como totalidad de la que el individuo participa. También podríamos reconocer que es anti-nacional pero sólo en el sentido que tiene vocación de apertura, internacionalismo y brega por una libertad irrestricta de circulación de bienes y de personas (de personas sí). Pero traicionaríamos los mismos principios del liberalismo si pretendiéramos escindirlo de su carácter humanista. Y esto es en definitiva lo que creo ha sucedido.

En efecto, en su nacimiento del liberalismo enarboló las banderas de la libertad individual, de los derechos civiles, de la tolerancia religiosa, de la igualdad de derechos, la abolición de privilegios, elecciones libres, propiedad privada y un largo etcétera. Hoy, el liberalismo es asociado a ciertos factores que incluso llegan a poner en peligro aquellas antiguas banderas. Muchos de quienes hoy se reconocen como liberales han olvidado el corazón duro de la doctrina liberal y lo han sustituido por una ciega prédica de uno de los productos derivados del liberalismo: el libre mercado. Esta obsesión por el libre mercado ha llevado a defender la absurda idea de que es justificable -e incluso digno de admiración- un régimen político totalitario siempre y cuando abrace una economía "de mercado", y con ello resulta normal entablar relaciones comerciales multimillonarias con la despótica y totalitaria República Popular China: un régimen comunista. Claro, las elecciones libres, las libertades individuales, derechos civiles, libertad religiosa, igualdad de derechos y todas esas nimiedades parecen haberse convertido en nimiedades al lado de la única y verdadera libertad: la libertad de mercado. El pretexto utilizado es que el libre mercado irá introduciendo lentamente los valores de la libertad. A más de 20 años de la matanza de Tian' anmen, el régimen comunista de partido único sigue tan sólido y férreo como en aquel entonces, sin libertades civiles, fuerte censura en todos los medios de comunicación, incluso Internet y otra serie de violaciones a los derechos básicos. La silla vacía en la ceremonia de entrega del premio Nobel de la Paz 2010 al disidente Chino Liu Xiabo -confinado en una prisión de su país- es una imagen que ilustra el "avance" de la libertad en el suelo del gigante asiático.

Un verdadero liberal jamás defendería o haría la vista gorda ante la esclavitud, puesto que el núcleo duro del liberalismo predica la libertad de todos los seres humanos. Más a muchos liberales les importa un bledo el outsourcing a países en los cuales la gente trabaja en condiciones de semi-esclavitud o esclavitud plena.

Como si fueran poco estos ejemplos de verdadera "prostitución" que ha sufrido término liberalismo, usurpado por gente con nula preocupación por la libertad del individuo particular (punto de partida de toda la doctrina) es alarmante la incoherencia de lo que ha sucedido en nuestro propio país. En efecto, la República Argentina ha visto cómo supuestos "liberales" apoyaron dictaduras violentas, despóticas y corruptas que arruinaron la República y Estado de Derecho (y la economía), avalaron la supresión de los derechos civiles y políticos y han mirado para otro lado cuando tenían frente a sus narices aberrantes violaciones a los Derechos Humanos. La historia nos demuestra que la economía de mercado y el capitalismo sólo comenzaron a florecer en sociedades que iban incrementando su libertad religiosa, política y civil, y no a la inversa.

Un verdadero liberal hubiera puesto el grito en el cielo ante las dictaduras de Onganía, Levingston, Lanusse, y que decir de las de Videla, Viola y Galtieri. Aquí muchos de ellos se identificaron con ellos e incluso pertenecieron al funcionariado del gobierno usurpado. Con razón a muchas personas el término "liberalismo" les produce escalofríos... Por otra parte, la evolución y el desarrollo de la doctrina de los Derechos Humanos es una construcción que encuentra sus raíces en el liberalismo (John Locke, declaraciones de Independencia Norteamericana y Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano en Francia), e importa una culminación de la progresiva apertura y avance del reconocimiento de los derechos civiles. Pero en Argentina se ha forzado una interpretación tan arbitraria que olvida los fuertes vínculos entre liberalismo y Derechos Humanos, indicándose como "marxista"o "zurdo" a quien milite en la defensa de éstos.

Este 'olvido' del liberalismo político por los liberales argentinos (aferrados únicamente al aspecto económico) ha provocado en gran medida la gigante pérdida de adhesiones y simpatías que lo apartó de la ciudadanía. Incluso regaló a la izquierda luchas fundamentales y propias del liberalismo como la ampliación de derechos civiles, igualdad de derechos y defensa y lucha por los derechos humanos.

Por otra parte, éste "falso liberalismo" se ensaña con la idea del Estado como algo malo, como una estructura perversa que viola sistemáticamente los derechos y potencialidades de las personas, mientras que esto sólo es correcto cuando se trata de un estado totalitario y autoritario, y no cuando se trata de repúblicas democráticas como las que -con sus bemoles- nuestros antepasados han sabido conseguir en nuestro país, en la mayor parte de América y en casi la totalidad de Europa. Es verdad que un sano liberalismo velará por la mayor libertad y menor restricción en relación a la iniciativa privada y al libre desarrollo de la industria e ingenio personales, pero nunca hay que olvidar el norte: ello es así en razón que la propiedad privada de los medios de producción deriva en una estructura pluralista de la economía: el monopolio privado es tan nocivo como el monopolio estatal.

Esta idea del Estado-malo, además de ser una mera distracción de lo fundamental de la doctrina, olvida que, justamente el Estado Moderno surgió como consecuencia del liberalismo. Nacido de manos de la burguesía liberal floreciente en aquellos países donde la semilla de la libertad había comenzado a dar sus frutos, al Estado se le encomendó la misión de brindar las seguridades de tránsito, de comercio, personal, jurídica, y más tardíamente la llamada "seguridad social" necesaria para evitar que las diferencias causadas por la propia dinámica del sistema económico provocaran las condiciones para una revolución por parte de aquellos sectores vulnerables.

Por otro lado esa postura entraña una abstracción la realidad actual. Hoy, el Estado Liberal (democrático, con sistemas de 'checks and balances' y respetuoso de las libertades y derechos) tiene mínimo poder comparado con las grandes corporaciones que cada vez invierten más energías y esfuerzos en garantizar su hegemonía cercenando y destruyendo las mismas condiciones que le dieron origen: la libre competencia y las libertades civiles. Con el pretexto del liberalismo se pretende desmontar el propio mecanismo de autoprotección que el liberalismo ideó, y sin el cual, caeríamos en un corporativismo neo-feudal. Esta característica ya había sido advertida por Duverger quien la explica de la siguiente manera: "... La independencia del poder económico frente al poder político, en el régimen liberal , no juega siempre en favor de la libertad de los ciudadanos... El poder político depende de la elección y la representación popular; es, pues, democrático. Frente a éste, el poder económico sigue siendo aristocrático... pues se basa en la herencia, la cooptación, la conquista o el nombramiento por los detentadores del capital..." (Duverger, Maurice "Instituciones Políticas y Derechos Constitucional). Claramente, el Estado Liberal ideado por los intelectuales de la iluminación funciona como garantía y es el único que podrá asegurar la plenitud de las libertades que son pilares fundamentales del sistema.

Por todo ello, hay que recuperar el humanismo perdido del liberalismo y además destruir de una vez por toda la nefasta alianza (altamente contradictoria) entre "liberalismo" y "conservadurismo", tendencias políticas como bien señalara el propio Hayek, nada tienen que ver. "... Lo típico del conservador, según una y otra vez se ha hecho notar, es el temor a la mutación, el miedo a lo nuevo simplemente por ser nuevo; la postura del liberal, por el contrario, es abierta y confiada, atrayéndole todo lo qe sea libre transformación y evolución..." (Hayek, Friedrich A. 'Principios de un orden social liberal").

No soy partidario de permitir a los usurpadores continuar en la ilegítima posesión de lo que no les corresponde. Por ello, creo necesario que recuperar la bandera del liberalismo con todo el brillo y el poder que sus valores tienen. En efecto, en gran parte la sociedad abierta y moderna en la que vivimos es fruto de ese liberalismo humanista, que tenía plena fe en las potencialidades y en las virtudes de cada ser humano en particular. En esa creencia y convicción que cada ser humano es creado igual al otro, y por ende debe tener iguales derechos, aboliéndose todos los privilegios, posiciones abusivas y/o dominantes. Esa confianza en el futuro y en el cambio, esa apertura al continuo mejoramiento y libertad de todo tipo de opinión o idea, han sido fundamentales para el avance de nuestra especie.

Entendido el liberalismo de éste modo, en su carácter originario, claramente humanista y preocupado por las libertades individuales de cada ser humano para llevar adelante su proyecto de vida, y despojado de toda la manipulación ulterior que lo ha colocado peligrosamente cerca de su antítesis.

Tenemos que recuperar al verdadero liberalismo, al menos quienes creemos en él de modo 'integral' y 'humanista' apegado a aquellos principios que lo han dotado de una fuerza transformadora que logró hacer de la libertades civiles y públicas, el pluralismo, la democracia y la igualdad de oportunidades una realidad en muchas partes del globo a la par de terminar con el yugo de las corporaciones feudales y liberar el potencial infinito de la imaginación, la libre iniciativa y la genialidad humana. De nada nos servirá el mercado libre si no tenemos ciudadanos y seres humanos verdaderamente libres.

Patricio E. Gazze